El interés de Mancera se centra en investigar los procesos de transformación de las ciudades en donde el imaginario colectivo de estas esta en constante mutación. En Colombia un barrio residencial de casas puede ser rápidamente convertido en un centro empresarial, epicentro de talleres de mecánica, adquiriendo un uso temporal en donde ese lugar que un día fue habitación, luego cuarto de plancha, después oficina hoy puede ser una sala de exhibición.

A partir de una geometría dislocada pero aún reminiscente del modernismo abstracto y de una curiosidad por modos y modelos ornamentales que visten las fachadas de barrios residenciales el artista desarrolla instalaciones donde pinturas y dibujos preguntan por los espacios residenciales, entre la ilusión y la resignación, de como quisiéramos vivir y como vivimos.

De ahí la noción de pintura instalativa, que resulta en un diálogo directo con el espacio y el contexto donde se encuentra, la estrategia es apuntarle al vacío y a ciertos detalles erráticos de la geometría (arquitectura) que encuentra, a veces en su trabajo la abstracción geométrica del arte moderno parece ablandarse cuando se encuentra con el ornamento, una madera contrachapada ablanda triángulos y rombos. Un día la modernidad criolla fue mordida por un zombi mestizo y su beldad se llenó de una nueva gracia.