REPETICIONES INÚTILES, SUEÑA EN GRANDE NO HAGAS NADA
Felipe Uribe 1982 Ibague, Colombia

Con su terrible sentido práctico, ella (Úrsula) no podía entender el negocio del coronel, que cambiaba los pescaditos por monedas de oro, y luego convertía las monedas de oro en pescaditos, y así sucesivamente, de modo que tenía que trabajar cada vez más a medida que más vendía, para satisfacer un círculo vicioso exasperante. En verdad, lo que le interesaba a él no era el negocio sino el trabajo. [i]

 

Felipe Uribe presenta en la Galería Sketch una exposición individual luego de seis años. La muestra que lleva por título: repeticiones inútiles,sueña en grande no hagas nada, se compone de varias pinturas y dibujos que exploran nociones entorno a la época de la adolescencia. Un lugar en el que la repetición y la cotidianidad pasan de ser elementos inapreciables a verdaderos momentos de revelación. Efectivamente podríamos decir que las alusiones a héroes, y a amores platónicos tan propios de esta edad -representados en los diferentes óleos- se convierten en referentes individuales con capacidad de transcender a nivel comunitario. Se trata de la potencialidad de la intimidad colectiva en la que sus pensamientos únicos y verdaderos parecen estar compartidos por tantos otros que experimentan la misma duda existencialista. De esta manera cotidianidades insignificantes devienen dramas, decisiones, sentencias vitales y definitivas.

La exposición permite adentrarnos en la mente del artista, trasladarnos a su propia adolescencia y descubrir sus experiencias personales moldeadas por figuras extranjeras pero comunes.  Nos hace participes del lugar en el que el yo se desata del abrigo familiar, la curiosidad llama a la puerta y pequeños hechos van marcando sucesivamente el conocimiento del mundo adulto. Ese espacio liminal en el que la aparente seguridad reina aunque sea totalmente maleable y volátil; un tiempo de ensayo y error para ir conociéndose.

Detrás de las imágenes de estrellas de rock y figuras rebeldes se esconde la doctrina filosófica del solipsisimo propia de la adolescencia: define que el sujeto pensante no puede afirmar ninguna existencia salvo la suya propia. Como cuando Segismundo en su monólogo de La Vida es Sueño[ii] afirma encarcelado en el torreón que sus pensamientos son los únicos, su cabeza es la verdad difusa y que no sabe si lo que vive es certeza o sueño. Los estados mentales de un adolescente son los únicos, su fuerza y vigor devienen el hilo que trenza parte de la muestra; un impulso como un tsunami: pura potencia capaz de creer en las utopías más irreales y soñar con las ilusiones más ciertas. De ahí la famosa frase de Jarvis Cocker: Why live in the world when you can live in your head?”[iii] . O en otras palabras, taparse la cabeza con un balde para reclamar ese lugar propio y cubrirse la cara con numerosas capas de ropa.

A éste compendio de piezas le siguen unos autorretratos del artista quitándose la camiseta una y otra vez. La repetición encierra una determinada temporalidad cíclica, en cierta manera eterna y continuada: “...el otoño es un ponerse y sacarse pulóveres, irse encerrando, alejando.”[iv]  Este simple gesto tan menudo e insignificante como el de sacarse prendas, propio de nuestra más íntima cotidianidad aquí multiplicado en numerosos dibujos, nos remite a lo revelador de los pequeños detalles. Se trata de lo inútil, que merece ser buscado en los desapercibidos gestos diarios, repeticiones obsesivas, como la de mirar durante horas la lluvia caer o fijarse en el horizonte sin pestañear hasta que la luz del sol desaparezca; actos mínimos alejados de la pretensión que denotan esa curiosidad y atención creciente. Es precisamente esa repetitiva inutilidad lo que puede mejorar al hombre. Heidegger afirmaba que lo más útil es lo inútil, aquello que no es usable prácticamente, sino que posee ese poder curativo que lleva al ser humano a sí mismo, el modo más elevado de ponerse-a-la-obra, prescindiendo de todos los manejos prácticos. Así la repetición posee ese efecto meditativo. El dejar presenciar del presenciar mismo, perseguir esa inercia y posicionarse ante el mundo ya no para destinar todas las horas al trabajo sino partir de la inutilidad y el ocio como dogmas sociales y políticos: “sueña en grande, no hagas nada”

XX nos lleva a pasados recónditos que todos reconocemos: el momento en el que uno crece y deja su mundo de juventud, donde todo es posible, para adentrarse en la racionalidad y el olvido de lo que una vez fue un impulso. Igual que Úrsula quizás no entendamos esta regresión al pasado, este hacer para deshacer, pero a medida que avancemos por la galería acabaremos imaginando pescaditos de oro sin camiseta recordando lo que una vez soñamos.

 

Claudia Segura Campins, agosto 2015.

 

 

[i] Gabriel García Márquez , Cien años de soledad. 1967.

[ii] Calderón de la Barca, La Vida es Sueño. 1635.

[iii] Pulp, Monday morning, Different Class. 1995.

[iv] Julio Cortázar, No se culpe a nadie, Final del juego. 1965.