CINEMÁTICA DE CUERPOS RÍGIDOS
Sara Acuña 1979 Bogotá, Colombia

En el comienzo, eran dos conejos. No era gran cosa, apenas dos masitas peludas, blanditas, silenciosas. Pero se hicieron legión. A fuerza de montarse uno sobre el otro empezaron a reproducirse. Como una plaga, hicieron de la procreación su asunto. Todos con todos, todo el tiempo, por doquier. Se dice que los animales, y yo pienso en los conejos, no se aparean para obtener placer, que sus no muy acrobáticas demostraciones sexuales están enfocadas en la reproducción de la especie. Solo se trata de pura supervivencia. Una cópula que insiste y que resiste para garantizar la permanencia en la tierra de un animal débil. Así, entonces, pensar en conejos tirando me llena de tristeza. Esa vida sexual, carente de placer, preñada de debilidad, fecunda en consecuencias expresadas en el nacimiento de más y más conejos, es la manifestación de una existencia trágica. Aunque esté forrada en peluche. Una tragedia que solo es trágica para los humanos, algunos, al menos, con una sensibilidad mayor ante estos comportamientos animales que, por anodinos, parecerían más ridículos que dramáticos. Quizás en eso consiste la "sensibilidad artística", quizás no es más que la capacidad de ver tragedia en una pareja de conejos tirando, engendrando, creciendo. Haciendo de una especie débil una especie exitosa.

Fragmento del texto de Víctor Albarracín Llanos.