METÉORO
Valeria Giraldo 1989 Manizales, Colombia

En una de esas conversaciones de miércoles, de las que no llevan a nada más que escapar de la tediosa mitad de semana, llegamos al tema común de los miedos: de lo ilógicos e innecesarios, del recurrido miedo a la muerte aunque sea inevitable, del miedo a las arañas aunque nunca encuentres una a estos 2600 metros sobre el mar, del miedo a los meteoritos aunque no veamos uno hace mucho tiempo, bueno solo en el del Museo Nacional. Al discutir cual es el más ridículo dimos el puesto a las minipiedras estelares porque, aunque hace poco había caído uno en Rusia, existen formas de rastrearlos, hasta experimentos con lasers para explotarlos y casi ninguno queda salvo de la desinte-gración por su naturaleza misma. De igual manera no hay ciencia ni datos que puedan contra los miedos, y hasta resulta emocionante buscar las probabilidades de encontrarse con el enemigo mismo. Son esos tiempos de intranquilidad en el que el proceso se contradice: el ejercer es una búsqueda constante de la culminación, algo que te deja paz contigo mismo, pero es en la pregunta por el futuro en el que se configuran las posibilidades. Y vuelve a ejer-cer el miedo. Si bien no es una pregunta por un estado ideal, ni la resolución de un punto final, es una especie de halago a todo eso que podría pasar, un recuerdo de las coincidencias que fueron y tienen el espacio para volver a ser. 

María Camila Cárdenas Cano