Artesanías Recientes (de México)
Exposición colectiva curada por Dorothée Dupuis
En 1997, Abraham Cruzvillegas escribió un texto titulado “Artesanías recientes” acereca de unas producciones recientes suyas realizadas en colaboración con artesanos purépechas de Michoacán. En una época en que, en el Norte global, las obras de arte seguían entendiendo la complejidad técnica como una meta en sí misma —desde una visión todavía ligada al minimalismo y a su desapego del trabajo manual del artista—, Cruzvillegas propone pensar la relación arte/artesanías en América Latina a partir de su vínculo con lo indígena: un tema todavía poco incorporado en las discusiones artísticas de aquella década.
Cruzvillegas sugiere asimismo que la primera relación del indígena con sus artesanías es la del uso —ya sea un uso práctico (una canasta, un textil) o ritual (un objeto sagrado o utilizado durante un ritual, como un cuchillo o una máscara)—, y que, al perder ese uso, al contemplar un objeto artesanal fuera de su función, únicamente por sus cualidades formales, estamos transformando —nosotrxs, occidentales— algo fundamental en la relación con lo objetual. A Cruzvillegas le resulta problemática dicha transformación; subraya que en ella se nos escapa algo esencial de la noción primordial de lo “artesanal”.
Por supuesto, desde hace treinta años la comodificación de lo artesanal y, en particular, su apropiación como técnica por el mundo del arte han crecido de forma exponencial. Numerosos debates han surgido en torno a "lo indígena", confirmando las intuiciones de Cruzvillegas en su texto: "La serie de contradicciones que acompaña el rescate de lo indígena y su consabida nostalgia de los valores nacionales se ha erigido sobre un cotidiano racismo, un insoluble clasismo y una cada vez más turística mirada al espejo por parte de los sectores llamados progresistas de la intelectualidad y las instituciones culturales."
Por otro lado, sabemos —y el propio texto de Cruzvillegas, a raíz de sus producciones purépechas, lo muestra— que los emprendimientos de lxs artistas muchas veces ganan en fuerza e intuición lo que les falta en precisión teórica. Cruzvillegas señala la importancia de observar y monitorear la relación entre artesanías y arte, ya que esta nos permite rastrear la evolución de nuestra relación como civilización con la "naturaleza", y cómo dicha relación se traduce en nuestra identidad colectiva.
La exposición Artesanías recientes, tomando su título de aquel texto y presentando la obra de diecisiete artistas mexicanxs y colombianxs —incluida una obra inédita del mismo Cruzvillegas—, propone indagar algunas de estas cuestiones mediante la contemplación y, por qué no, también mediante el uso, ya que ciertas obras demandan claramente ser activadas. Asimismo, la muestra reúne obras cuyas formas y materiales se apartan de lo que solemos entender como artesanía. Tampoco todos los artistas provienen de los territorios tradicionalmente asociados con esas tradiciones, lo que contribuye a cuestionar la idea de una autenticidad garantizada. Las piezas reunidas aquí operan como desplazamientos discretos donde la artesanía deja de aparecer como un espacio de identidad fija —ya sea vinculado a lo indígena, a lo femenino o a cualquier otra categoría esencializada— o como una tradición intacta. En su lugar, se abre un terreno donde el hacer, los materiales, los usos y las relaciones entre quienes producen y comparten los objetos recuperan algo de su dimensión humana e impermanente.
Pensándolo bien, podemos asímismo entender la enigmática escultura que Cruzvillegas firma en la exposición —una citación directa al antiheroísmo del documental de Werner Herzog Die große Ekstase des Bildschnitzers Steiner— como una actualización de su pensamiento acerca del problema de lo artesanal en el arte que tome en cuenta una perspectiva de género. En este sentido, no es menor que la exposición reúna obra tanto de artistas hombres como de mujeres, haciendo visible un campo de tensiones que desplazan la centralidad histórica de la figura masculina. La obra podría sugerir que el protagonismo obligatorio del artista varón ha caducado, y que podría surgir en su lugar un equilibrio distinto entre fuerzas masculinas y femeninas: uno donde la obsesión maximalista del post-minimalismo ceda frente a la reivindicación de lo artesanal como un campo donde, en palabras del propio Cruzvillegas, "las individualidades se comparten" más que imponerse. Los artefactos de la exposición podrían así leerse como un reclamo, a la vez sutil y potente, desde lo artesanal como símbolo de la fertilidad de una autoproducción libre, frente a las tendencias esterilizantes de estandarización y profesionalización que siguen dominando la producción artística global.
Dorothée Dupuis.
In 1997, Abraham Cruzvillegas wrote a text titled “Artesanías recientes” about a series of works he produced in collaboration with Purépecha artisans from Michoacán. At a time when, in the Global North, artworks still understood technical complexity as an end in itself—within a perspective still closely tied to minimalism and its detachment from the artist’s manual labor—Cruzvillegas proposes to think through the relationship between art and craft in Latin America from its connection to the Indigenous: a topic that had yet to be fully integrated into the artistic debates of that decade.
Cruzvillegas further suggests that the primary relationship between Indigenous people and their crafts is one of use—whether practical (a basket, a textile) or ritual (a sacred object or one used in ceremony, such as a knife or a mask)—and that, once this use is lost, when we contemplate a crafted object outside of its function, solely for its formal qualities, we—Western viewers—transform something fundamental in our relationship to objects. Cruzvillegas finds this transformation troubling; he emphasizes that something essential to the primordial notion of the “craft” slips away in the process.
Of course, over the past thirty years, the commodification of craft and, more specifically, its appropriation as a technique by the art world have grown exponentially. Numerous debates have emerged around “the Indigenous,” confirming Cruzvillegas’s intuitions in his text: “The series of contradictions that accompanies the recovery of the Indigenous and its well-known nostalgia for national values has been built upon a daily racism, an insoluble classism, and an increasingly touristic self-reflection on the part of so-called progressive sectors of the intelligentsia and cultural institutions.”
At the same time, we know—and Cruzvillegas’s own text, grounded in his Purépecha collaborations, makes this clear—that artistic endeavors often gain in force and intuition what they may lack in theoretical precision. Cruzvillegas points to the importance of observing and tracking the relationship between craft and art, as it allows us to trace the evolution of our relationship, as a civilization, with “nature,” and how this relationship translates into our collective identity.
The exhibition Artesanías recientes (de México), which takes its title from that text and presents the work of seventeen Mexican and Colombian artists—including a new work by Cruzvillegas himself—proposes to explore some of these questions through contemplation and, why not, also through use, as certain works clearly call to be activated. At the same time, the exhibition brings together pieces whose forms and materials diverge from what we usually understand as craft. Nor do all the artists come from territories traditionally associated with such practices, thereby challenging the notion of a guaranteed authenticity.
The works gathered here operate as subtle displacements in which craft ceases to appear as a fixed space of identity—whether tied to the Indigenous, the feminine, or any other essentialized category—or as an intact tradition. Instead, a field opens up where making, materials, uses, and the relationships between those who produce and share objects recover something of their human and impermanent dimension.
On reflection, we might also understand the enigmatic sculpture that Cruzvillegas presents in the exhibition—a direct reference to the anti-heroism of Werner Herzog’s documentary Die große Ekstase des Bildschnitzers Steiner—as an update of his thinking on the problem of craft in art, now taking into account a gender perspective. In this sense, it is not insignificant that the exhibition brings together work by both male and female artists, making visible a field of tensions that displaces the historical centrality of the male figure. The work may suggest that the obligatory protagonism of the male artist has come to an end, opening the possibility for a different balance between masculine and feminine forces: one in which the maximalist obsession of post-minimalism gives way to the reclamation of craft as a field where, in Cruzvillegas’s own words, “individualities are shared” rather than imposed.
The works in the exhibition can thus be read as a claim—at once subtle and forceful—from the perspective of craft, understood as a symbol of the fertility of free self-production, against the sterilizing tendencies of standardization and professionalization that continue to dominate global artistic production.
Dorothée Dupuis.